A pocos minutos de Talca en dirección a Curepto se encuentra el proyecto de título de Paula Atala, arquitecta egresada de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca el año 2007.
El proyecto lleva como nombre Mirador Quepo, en honor al lugar en el que se encuentra ubicado.
Si bien es un mirador común y corriente que enmarca el paisaje a modo de síntesis del territorio creo que tiene la gracia de encontrarse precisamente ubicado. Un ensanche en el camino, un lugar con buena vista con posibilidades de estacionar el auto o la bicicleta y sentarse a descansar. Por lo menos eso fue lo que yo hice. Dejé el auto, me bajé, caminé 5 pasos y me senté en la banca al interior de este espacio intermedio. Da la sensación de estar dentro de algo pero sin embrago estas al aire libre. Bien logrado.
Madera barata, sin mucho tratamiento, algunas de color rojo a modo de generar tensión visual, un par de fundaciones de hormigón y un corte en el terreno fueron suficientes para construir dicho proyecto. A la “entrada” del recinto hay un monolito que hace referencia a un pequeño lugar en el valle donde supuestamente vivió su infancia el “padre de la patria”. Leí hasta ahí y pensé que había sido Manuel Rodríguez el mencionado, pero no. Bernardo O’ Higgins Riquelme, el no tan merecedor de dicho título es a quien se refiere. Sinceramente pienso que estaba demás, no tiene mayor relevancia, es un punto inexistente a la vista que conmemora algo que el paisaje no acoge. Sólo árboles y un hermoso valle que deja ver algunos olivares.
No es tan conocido como Pinohuacho de Rodrigo Sheward, proyecto estrella de la Escuela de Arquitectura de la Utal pero tienen en común el trabajo de una altura sobre el paisaje, madera y un punto que observar, ahora bien, carece del oficio artesanal de la madera o de un contexto al que obedecer como Pinohuacho.
Si bien el color rojo de algunas tablas hace que se anticipe visualmente en el camino y que su forma responde a un recorrido bastante corto creo que se queda ahí, como un objeto ajeno al lugar aunque intente ser algo más que eso.
Objeto, bonito, pero un objeto al fin y al cabo.
El proyecto lleva como nombre Mirador Quepo, en honor al lugar en el que se encuentra ubicado.
Si bien es un mirador común y corriente que enmarca el paisaje a modo de síntesis del territorio creo que tiene la gracia de encontrarse precisamente ubicado. Un ensanche en el camino, un lugar con buena vista con posibilidades de estacionar el auto o la bicicleta y sentarse a descansar. Por lo menos eso fue lo que yo hice. Dejé el auto, me bajé, caminé 5 pasos y me senté en la banca al interior de este espacio intermedio. Da la sensación de estar dentro de algo pero sin embrago estas al aire libre. Bien logrado.
Madera barata, sin mucho tratamiento, algunas de color rojo a modo de generar tensión visual, un par de fundaciones de hormigón y un corte en el terreno fueron suficientes para construir dicho proyecto. A la “entrada” del recinto hay un monolito que hace referencia a un pequeño lugar en el valle donde supuestamente vivió su infancia el “padre de la patria”. Leí hasta ahí y pensé que había sido Manuel Rodríguez el mencionado, pero no. Bernardo O’ Higgins Riquelme, el no tan merecedor de dicho título es a quien se refiere. Sinceramente pienso que estaba demás, no tiene mayor relevancia, es un punto inexistente a la vista que conmemora algo que el paisaje no acoge. Sólo árboles y un hermoso valle que deja ver algunos olivares.
No es tan conocido como Pinohuacho de Rodrigo Sheward, proyecto estrella de la Escuela de Arquitectura de la Utal pero tienen en común el trabajo de una altura sobre el paisaje, madera y un punto que observar, ahora bien, carece del oficio artesanal de la madera o de un contexto al que obedecer como Pinohuacho.
Si bien el color rojo de algunas tablas hace que se anticipe visualmente en el camino y que su forma responde a un recorrido bastante corto creo que se queda ahí, como un objeto ajeno al lugar aunque intente ser algo más que eso.
Objeto, bonito, pero un objeto al fin y al cabo.