Don José coge su bolso y camina un par de cuadras por una pequeña calle de tierra hasta que se encuentra un la brutalidad del pavimento, llega hasta la esquina y espera la micro que lo llevará al centro de Talca. A escasos metros de su casa de madera y tejado de latón comienzan a aparecer casitas de ladrillo pintados de amarillo, con tejados de vulcanita, una que otra tiene reja metálica y todas se comunican por angostas calles de cemento que llevan a una principal, por donde pasa la micro de Don José.
Cuando chico, solíamos salir los fines de semana con mi familia a recorrer campos cercanos a Talca; Colín, Gualleco, etc. Buscábamos salir de la ciudad por unos pocos minutos, patear una pelota, tomar café al aire libre, correr por el pasto incluso, buscar alguna señora que vendiera pan amasado. Íbamos al campo.
Don José sube a la micro y se dirige a Talca. Debe ir al banco, luego al supermercado mayorista cerca del terminal a comprar lo que llega al campo más caro, luego camina al paradero y se sube a otra micro igual de roñosa que la anterior, se baja en la misma esquina y camina las mismas cuadras que en la mañana. Al llegar a casa, deja sus cosas y sale al patio. Hay que regar el suelo porque ya empieza a hacer algo de calor.
Desde la puerta que da al patio se pueden ver árboles frutales, pasto, unas cercas de madera casi sin color, añejas, pero que conservan el oficio de su mano.
Después de regar el suelo, se sienta bajo el parrón que comienza a vestirse de brotes de uvas, se sienta en una banca hecha por el mismo, saca un cigarrillo y admira su paisaje.
Hace 10 años miraba árboles enormes, que se erguían a modo de edificios naturales habitados por pájaros y bichos, veía un manto verde que se extendía hasta donde su ojo llegaba y en las tardes salía a caminar por senderos de tierra buscando después de un rato una sombra donde tenderse por deporte. La tranquilidad de la noche sólo se veía acompañada de estrellas y mosquitos, pero ahora no.
La noche y las estrellas se ven menos porque a escasos metros de su casa el cemento se come el paisaje, la brutalidad del alumbrado público mancha de colores falsos el cielo. Don José sabe que en algunos años más, una Independencia o una Malpo le comprarán su pedazo minúsculo de tierra para dar cabida otros cientos de casas de ladrillo. Don José no será rico, pero ellos los serán aun mas, no tendrá su parrón ni su sombra. El campo es a la tierra, como el cemento a la ciudad.
Cuando chico, solíamos salir los fines de semana con mi familia a recorrer campos cercanos a Talca; Colín, Gualleco, etc. Buscábamos salir de la ciudad por unos pocos minutos, patear una pelota, tomar café al aire libre, correr por el pasto incluso, buscar alguna señora que vendiera pan amasado. Íbamos al campo.
Don José sube a la micro y se dirige a Talca. Debe ir al banco, luego al supermercado mayorista cerca del terminal a comprar lo que llega al campo más caro, luego camina al paradero y se sube a otra micro igual de roñosa que la anterior, se baja en la misma esquina y camina las mismas cuadras que en la mañana. Al llegar a casa, deja sus cosas y sale al patio. Hay que regar el suelo porque ya empieza a hacer algo de calor.
Desde la puerta que da al patio se pueden ver árboles frutales, pasto, unas cercas de madera casi sin color, añejas, pero que conservan el oficio de su mano.
Después de regar el suelo, se sienta bajo el parrón que comienza a vestirse de brotes de uvas, se sienta en una banca hecha por el mismo, saca un cigarrillo y admira su paisaje.
Hace 10 años miraba árboles enormes, que se erguían a modo de edificios naturales habitados por pájaros y bichos, veía un manto verde que se extendía hasta donde su ojo llegaba y en las tardes salía a caminar por senderos de tierra buscando después de un rato una sombra donde tenderse por deporte. La tranquilidad de la noche sólo se veía acompañada de estrellas y mosquitos, pero ahora no.
La noche y las estrellas se ven menos porque a escasos metros de su casa el cemento se come el paisaje, la brutalidad del alumbrado público mancha de colores falsos el cielo. Don José sabe que en algunos años más, una Independencia o una Malpo le comprarán su pedazo minúsculo de tierra para dar cabida otros cientos de casas de ladrillo. Don José no será rico, pero ellos los serán aun mas, no tendrá su parrón ni su sombra. El campo es a la tierra, como el cemento a la ciudad.
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